¿Por qué el segundo hijo es más tremendo que el primero?

Conforme mi hijo mayor fue creciendo, fueron aumentando de tono sus berrinches y pataletas. “Tengo que darle castigos ejemplares”, pensé. Entonces le pregunté a su maestro de la guardería que cómo solía disciplinarlo para hacer lo mismo yo en casa. La respuesta me dejó atónita.

“Nunca lo he castigado; nunca ha habido necesidad. Tu hijo siempre se porta bien, es muy obediente”, me dijo.

“¿Será que se confundió de niño?”, pensé. Pero no, el mismo instructor me dio la respuesta. “Los niños se portan de una manera en la escuela y de otra en casa; nunca son los mismos”.


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